No me digas
que el silencio es la prueba
de lo que tú me amas.
No me adviertas,
ya sé lo que es pasar horas muertas
anhelando tu cama.
Quintaesencia
de un mar de desengaños;
aun sigo esperando llamadas.
Larga espera
de un amor que no llega
aunque tenga en mi pecho tu alma.
Es tu ausencia
sin dudar quien ha dejado
muda mi sobriedad.
No he cambiado,
si no sé ser felíz,
probaré con la libertad.
Es que el amor y el odio
son sentimientos marchitos
de esos que te das la vuelta y recibes
‘puñalás’ manchadas de complicidad.
Si un gato maulla y no escucha
los coros de lunas que menguan,
no entona; escupe. Compone sonetos,
creyendo imposible poder ladrar…
Larga vida
a quién dijo que lo único eterno
es la amistad.
No me mientas,
recuerda que ésta cicatriz
no me ayuda a olvidar.
Mi condena
es mirar a la Luna. Mirar,
pero no tocar.
¡Mi fracaso,
fué decir lo que pienso
y no lo que debía pensar!.
Es que el amor y el odio
son sentimientos marchitos
de esos que te das la vuelta y recibes
‘puñalás’ manchadas de complicidad.
Si un gato maulla y no escucha
los coros de lunas que menguan,
no entona; escupe. Compone sonetos,
creyendo imposible poder ladrar…
Qué difícil
es llorar en silencio,
sin nada por qué luchar.
Fiel demente
en un tumulto de gente
sin ser más que los demás.
Alma ausente
sin la suerte de verte
a mi lado al despertar.
Verso necio,
deja ya de escribir tonterías
¡y empieza a gritar!.
Es que el amor y el odio
son sentimientos marchitos
de esos que te das la vuelta y recibes
‘puñalás’ manchadas de complicidad.
Si un gato maulla y no escucha
los coros de lunas que menguan,
no entona; escupe. Compone sonetos,
creyendo imposible poder ladrar…
Juan Blanco Arellano © 2005.