Nada ha cambiado… el maldito corazón sigue ahí. Hijo de puta. Sólo te pido que dejes de sentir. ¿Es para tanto?. ¡Déjame malvivir!.
December 25, 2005
December 24, 2005
December 14, 2005
El Guerrero de la Luz
Las cuerdas que están siempre tensas terminan desafinando.
Los guerreros que están en continuo entrenamiento pierden espontaneidad en la lucha. Los caballos que siempre saltan obstáculos terminan rompiéndose una pata. Los arcos que son curvados todos los días ya no tiran las flechas con la misma fuerza.
Por eso, aunque no esté con ganas, el guerrero de la luz procura divertirse con las pequeñas cosas cotidianas.
Paulo Coelho. Manual del Guerrero de la Luz.
December 6, 2005
El espino y el perdón (Ana Margarida)
Un hombre iba por un camino, contemplando la belleza a su alrededor, cuando sintió que tenía una herida. Miró a un lado y vio que un espino le había hecho un corte en la pierna.
Pero el paisaje era tan hermoso que decidió no darle mucha importancia y, volviéndose hacia la planta, murmuró:
-Te perdono.
Horas más tarde, otro hombre caminaba por el mismo camino, tambien contemplando la belleza de Dios en la puesta de sol frente a sus ojos, cuando el mismo espino lo hirió.
Él se limitó a mirar el espino, se limpió la sangre que le salía y siguió adelante.
Un ángel que lo había visto todo se dirigió al Señor y le dijo:
-Hoy he visto a un santo que perdonó a un espino. Y he visto tambien a un hombre sin corazón que tambien ha sido herido y no ha dicho nada.
-Pues estás completamente engañado -respondió el Señor-. Claro que el primero es un hombre de bien, pero el segundo, además de santo, es tambien muy sabio.
-¿Cómo es posible? -insistió el ángel, sorprendido con la respuesta del Todopoderoso-. Él no tuvo la grandeza de decir nada, ¡simplemente siguió su camino!
Dios interrumpió al ángel:
- El hijo injustamente reprendido por el padre, aunque entienda que el gesto es fruto de un amor tal vez excesivo, no tiene necesidad de perdonar a nadie, sino tan sólo de aceptar lo ocurrido. De ésta manera, la herida no hiere y el perdón no humilla.
< < El espino nació para usar sus espinas. Aunque quisiese, nunca podría perfumar el ambiente a su alrededor. El primer hombre, al sentir el dolor del pinchazo, echó la culpa al espino y, como es puro corazón, lo perdonó.
El segundo hombre también se hirió; pero como sabe que todos los espinos son así, no se sintió ofendido. Y como no tenía nada que perdonar, no perdonó.>>
Y concluyó:
-Cuando el alma sangra por algo que sabemos que hiere, de nada sirve culpar ni perdonar.
Historias de Lectores - Paulo Coelho. XLSemanal.


