Sé que cada árbol que planto
crece en aras del olvido…
Cual guerrero, he de buscar
hojas mellas ya clavadas
-hubo un tiempo en que talaban
dócilmente otro destino-
que hoy me ayuden a cortar
ramas secas de un pupilo.
Duele menos naufragar
que buscar en mí mi sino,
mas no hay premio sin cordura
ni profeta sin delirio.
Juan Blanco Arellano, 9/1/2006


