May 24, 2007

Vida y Música II: El Ahora

Filed under: Vida, Música

Un mes de ensayos para solo tres canciones. Un mes de ensayos para disfrutar de una nueva vida que se abría camino entre pinceladas de besos, caricias y mordiscos.

A duras penas he conseguido hacer sonar algo decente. No hay nada nuevo en lo que pienso mostrar, pero al menos podré mostrar que le he puesto empeño.

«¿Estás nervioso?» preguntas entusiasmada. No existe respuesta alguna a esa pregunta. Es como preguntar a alguien si sabe que en ese mismo momento puede morir: el cerebro dispone de un mecanismo eficaz de supervivencia para tales casos.

Pero sé que lo estaré.

Es la primera vez que llevo mi guitarra en el maletero y no es de paseo. Las cuerdas son nuevas, y se desafinan a la primera de cambio. El calor dilata el níquel y ablanda el nylon. Y no me quejo; al menos hace un buen día de playa.

Deteniéndome un imple instante a pensar, asumo que quien va a tocar soy yo. Juan Blanco, para más señas. Nario, para quien lo prefiera. Juan es inseguro, tímido y un desastre. Nario es indeciso, vergonzoso y desordenado. Bajo esta perspectiva no hay mejor solución que ir a contrarreloj a la playa. Don Paco de Lucía tocará a pocos donde más tarde lo haré yo… quizá algún día pueda mencionar eso en mi currículum.

Mientras comparto miradas y momentos con Paula, Marco, Antonio y Miguel, se suceden los mensajes de apoyo: gracias Shivenis, gracias Swe_Wtj, gracias PopIndie, gracias Rafa, gracias Sonia, gracias Migue, gracias Luís, gracias Juanjo, gracias Álex, gracias Isma (te debo mucho, hermano), gracias Rafita. Escribisteis en un gran mural marrón vuestras muestras de aprecio de tinta amarilla, y lo conservaré siempre en mis retinas.

Mientras más pasan los minutos, más me relajo yo. Se acerca la hora y voy con prisas.

A pasos agigantados, logro abrirme hueco entre la multitud que aclamaba a Don Paco y llegar a aquel mítico lugar. El Café Teatro Pay Pay, otrora cuna de grandes espectáculos y cabarets, hoy testigo de mi debut. Con los primeros nervios agarrando con fuerza la boca de mi estómago, intento realizar lo mejor que puedo las pruebas de sonido. Por desgracia, solo sé cantar, y creo que ni eso. Aprender, se aprende tropezando, y yo lo hice al percatarme de que quizá, mis canciones, no sonarían igual que las demás. Ritmo, contundencia, rabia contenida… qué se yo. A mí nadie me enseñó a volar, por lo que tengo que tirar constantemente de avión.

Solventados los primeros fallos y tras repetir la prueba de sonido, compruebo el nivel de los demás participantes. Como conclusión: el nivel es altísimo tanto en calidad técnica como artística, pero no me va para nada la canción de autor. La verdad absoluta no está en boca de nadie, amigos. Pese a todo, hay excepciones y más de uno, tan solo en las pruebas, logra ponerme los vellos de punta. Además… el simple hecho de intercambiar cuatro palabras con los demás concursantes me hace ver que no soy tan preso, como creía, de la puñetera timidez.

Ya cenado y, de nuevo con el minutero azotándome en el cogote, vuelvo a aquel mágico lugar. La ambientación es impresionante, pero yo floto. Cada vez noto más esa sensación… floto.

Veo llegar a mis padres, Juan Antonio y María. Y con ellos mis primas del alma, Rocío y Amanda, y sus padres, Aurori y Miguel Ángel. También andan por allí mi tío José y mi tía Lourdes. Todos conocedores de mis quehaceres musicales, todos conocedores de la importancia de aquel evento. Y estaban allí… Floto.

Una mala pero inesperada noticia llega. Mis primas no pueden quedarse allí al ser menores de edad. Craso error. Más tarde, me darán cuenta de sus andanzas: mientras yo actuaba, una puerta del local se hallaba entreabierta con mi tío sujetando la puerta, y cuatro oídos jóvenes escuchándome ilusionados. Al menos, mi tía me pudo escuchar en primera fila.

Abstrayéndome totalmente del mundo, me oculto en los camerinos para ensayar lo que ya había ensayado mil veces. Fruto de ello solo podían generarse más nervios que no tardarían en aparecer de golpe.

Pronto se acerca la hora de la verdad. El presentador pregunta si quiero alguna que otra presentación especial, a lo cual me niego… tan solo quería salir, dar a luz y disfrutar de los frutos. Poco después, me encuentro desnudo, preso del pánico tras un telón negro que oculta un considerable número de parroquianos del lugar. Aquel olor, aquellas sensaciones… flota magia en el ambiente, y yo me hayo inmerso en ella.

Las palabras del presentador; totalmente escuetas, tal y como le pedí: ‘estudiante de Periodismo, compositor de letra y música y natural de Jerez’. Tras lo cual, suena mi nombre: “¡Juan Blanco!”.

Más nervios. Se agolpan en mi tráquea con una intensidad inusitada. Atravieso la negra cortina para encontrarme con en presentador que, tras una palmada, osa dejarme solo en el escenario.

Sin querer mirar, coloco la clavija en su sitio. Queriendo mirar, me siento el hombre más querido del mundo.

Desde allí arriba –unos 40 cm más alto- se percibe todo como una fotografía. Tan sólo oso alzar la cabeza una vez, para recibir un mundo de cada persona que allí había: Antonio, Marco, Miguel, Iván, ¡Manu a tiempo! Y toda mi familia. Y Paula. Deslumbrante, preciosa, despampanante. Luciendo su segunda mejor gala tras su desnudez, y con ese brillo en los ojos. Ya puedo bajarme de aquí, soy tremendamente feliz. Ansiabas este momento tanto como yo y no podía hacernos esperar más.

Totalmente atemorizado y, tal y como relaté en la ficción previamente, tropiezo y golpeo con el mástil de la guitarra al micrófono. Nada grave, por lo que mi verborrea no será necesario usarla. Avanzando en el tiempo, suelto una pequeña declaración de intenciones: “Vamos a empezar con un poquito de caña…” y hago sonar los primeros acordes de ‘Hablar por Hablar’.

Me encuentro en un estado total de inexistencia. El que está allí arriba no soy yo. Yo solo le di al play y me pongo a observarlo críticamente desde fuera. Pronto descubro que, pese a ser un reflejo de mí mismo actuando, soy vulnerable a las malas críticas y no las acato con soltura. Como resultado, ansío bajarme de allí desde un primer momento. Y como consecuencia de ese deseo, lo mando a tomar por culo todo y me dispongo a disfrutar. Si se acelera el ritmo de la canción o piso el traste equivocado, que se jodan. Al fin y al cabo, ni tú pagas ni yo cobro. Y esto es lo que escuchareis cuando vayáis de visita a mi cuarto, estáis todos invitados. Menos el jurado.

Creyéndome con el tiempo en los talones, me abstengo de charla entre canción y canción. He venido a soltar mi mierda y me voy.

Aplausos. Más aplausos. Quizá gusto. Quizá solo es cortesía.

Quizá, y solo quizá… no lo haya hecho tan mal.

Oculto tras las sombras de los camerinos, reniego de mi actuación. No me he gustado. No solo la interpretación. No solo la composición. Sobre todo, lo que no me ha gustado ha sido mi actitud. He cantado bajo presión, y no valen excusas. El ser o no el primero, el que fuera o no mi debut, eran cosas que no importaban. Lo había hecho mal, y punto. No importa… al fin y al cabo, es más divertido mejorar que hacerlo bien desde un principio.

Una vez fuera, se me abre el cielo de nuevo. Vuelvo a flotar. Todos me felicitan. Mi padre, orgulloso como nunca. Me abrazó como pudo intentando no molestar al público. Mi madre tan solo sabía decirme una frase, con los ojos entre lágrimas: “tu abuela siempre quiso un artista”.

Un artista. Arte es el amor que siento por Paula, y no la música. Arte es la gente de la que me rodeo, bajo la bandera de la amistad. Arte es querer y saberme querido.

Arte es aquella mujer ante la que me encuentro en este instante. No solo te quiero… es que el vaso ha rebosado tanto que el agua del que lo llené me ha impregnado a mí y ahora me quiero a mí también.

Salgo un poco más y… mi tía Mari y mi tío Antonio, allí entre el público. Otra de mis madres allí, en mi debut. Tres mujeres me han criado: mi madre, mi tía Aurori y mi tía Mari. Y las tres estaban allí.

Por fin en las afueras del local. No doy crédito de aquello: Iván y Ana Ira, Juan y Pili, Patri y Mario y el gran Alberto.

De nuevo en el interior del recinto, una actuación hace que se eleven de forma secuencial todas las fibras capilares de mi cuerpo. Se trata de Pedro Sosa. Ya en la prueba de sonido, con tan solo cuatro palabras, me había procurado algo de tranquilidad y apoyo. Ahora, subido al escenario, apunta hacia mí al hablar de “emocionarse” con alguna actuación, para lo que finaliza dedicándome el siguiente tema. Sí, parece ser que aquella actuación era la mía. Saberme valorado de manera externa era algo que no entraba en mis planes. Quizá… me haya entrado algo en los ojos.

Ya por fin, de fiesta, logro sentirme querido y apreciado por gente ajena a mí. Ya me había sucedido antes, y Miguel era el claro ejemplo de ello. Peco de estar tan rodeado de grandes personas, grandes amigos, que rechazo todo lo demás por temor a lo malo. Me alegro de no haberte dejado fuera de ese saco. Y es por ello que, mientras salgo del recinto, ya guitarra en mano, me extrañe que un matrimonio me confiese haber disfrutado con mi música. La frase “tienes mucha música dentro” aun me sigue rodando hoy por la cabeza. Algo más tarde, más felicitaciones en distintos lugares de fiesta. ¿Me reconocen? No… Sí, me reconocen. Y por lo visto he gustado.

Quizá… y solo quizá… no sea tan malo.

Hubo momentos en que me creí muerto. E incluso en la existencia de algún cielo cristiano. Pero no, solo estaba en Cádiz prolongando un sueño en el que ya vivía. Pude seguir siendo felizmente ateo.

Y a mí solo me sale ser feliz…

Gracias. Vosotros sabéis quienes sois.

3 Comments »

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  1. Creo que nunca he sido tan feliz como ese día.O al menos, no de esa manera.
    No voy a olvidar las conversaciones de sábanas e intimidad…y mucho menos esa sonrisa, esencia de la felicidad mas pura.
    tengo los mejores padres, los mejores amigos, la mejor novia…
    no pequeño, no; no te engañes.
    Nosotros te tenemos a ti
    y eso es más importante…
    …y me siento privilegiada por pensar que en cierto modo todo ese dia surgió ligado a nuestras conversaciones…

    …Y quiero pensar que no quedará ahi, que seguirás creciendo y tocando el cielo, sonriendo y haciendo sonreir.
    Te Quiero

    Comment by Palu — May 24, 2007 @ 10:32 am

  2. 1) Te juro que me moría de ganas de estar allí
    2) Jamás olvidaras el olor, el sonido, la imagen y los nervios que tenias justo momentos antes de subir al escenario
    3) Yo creía que cuando yo actuaba y me veía desde fuera, como si no fuera yo sinó una tercera persona a la par que me creía muerto eran sintomas del alcohol y los cigarros aliñados…
    4) Sigue así tío, llevas la música dentro
    5) Espero que no conozcas a otro Isma y ser yo ese que mencionas jajajaja

    Comment by Zim — May 24, 2007 @ 5:47 pm

  3. Hola, Juan !

    Me hubiera gustado mucho estar en esa sala ese día y compartir con todos esa experiencia.
    He comprobado algo que ya sabía; que tienes mucha sensibilidad y rebosas sentimientos que salen de ti de forma natural.
    Tienes mucho que expresar y empiezas a controlar el medio para transmitirlo a los demás: música, prosa, poesía, ….
    Ánimo, sigue creciendo personal y “artísticamente”, recuerda que lo importante no es la meta, es el camino y las personas que te ayudan a recorrerlo.

    Un abrazo de tu tío Juan.

    Comment by Juan José Arellano — May 26, 2007 @ 10:22 am

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